No es amor.

¿Qué es el amor?
Es tremendamente complicado responder a esta pregunta.
Sí, lo llamamos amor pero… ¿lo es en realidad?
En mi opinión, muchas veces no.
Me encanta cómo la filosofía budista, define el amor, de una manera muy simple y tremendamente profunda: el amor es siempre incondicional, no espera nada a cambio y pone el ejemplo del amor que siente una madre por su hijo.
También habla del apego o aferramiento como el principal enemigo del amor, y es que muchas veces confundimos una cosa con otra, y no pueden ser más opuestas.
El apego es el mayor enemigo del amor y, no sólo eso, es tremendamente tóxico y nocivo.
Surge cuando identificamos a algo o a alguien como necesario para nuestra felicidad.
En las relaciones con más apego es donde hay más ira y enfado.
Cuando determinamos que “algo nos va a hacer felices” ya estamos sembrando la semilla de la ira. Cuando nos posee, somos totalmente irracionales y estúpidos. Cuando la mente sublima una cosa, una situación, un trato, una persona…como algo nuestro, algo bueno, algo totalmente indispensable para ser feliz, estamos atrapados por el apego y tremendamente equivocados  y confundidos.
Cuando obtenemos lo que queremos, y no nos hace felices, nos damos cuenta que no es cierto lo que pensábamos.
Es la gran mentira del marketing: “necesitas esto para ser feliz”, de esta forma  construimos una sociedad permanentemente insatisfecha, enferma de stress y ansiedad por poseer cada vez más, cuando la auténtica felicidad no viene del exterior, es una actitud interior que sólo podemos cultivar y fomentar  nosotros mismos.
En la vida en pareja, apego y amor suelen entremezclarse de manera peligrosa.
Con apego, tratamos a nuestra pareja como “instrumento” de nuestra felicidad. Por lo tanto, cuando no obtenemos lo que esperamos, nos sentimos defraudados y decepcionados.
La pareja se convierte entonces, en un acuerdo comercial: “yo te quiero mientras me trates y me des lo que necesito”. No tiene en cuenta como está la otra persona, solo vemos que no nos da lo que queremos.
Con apego, la otra persona existe sólo para proporcionarnos felicidad.
Por el contrario, el amor auténtico es desear, por encima de todo, la felicidad del otro.
Amar es dar, sin esperar nada a cambio.
No hay contrato, no hay condiciones.
Cuando amamos de verdad, queremos ofrecerle todo a otro ser.
Es una conexión perfecta: desaparece el “yo” y sólo vemos la otra persona.
Tenemos que desterrar la idea de que, lo que nos falta, lo vamos a conseguir de otro,  la semilla de la felicidad está ya dentro de nosotros: la capacidad de amar, la bondad, la generosidad, la empatía, la compasión, la sabiduría.
Sólo así podrá nacer en nosotros el amor auténtico, que en el fondo y en lo más profundo de nuestro ser, es lo que todos más deseamos.

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