El lamento de la bella Melilah

Queridos amigos, me ilusiona compartir con vosotros la interpretación de la orquesta Ensemble XXI de mi obra “El lamento de la bella Melilah”, segundo movimiento de “El bosque encantado”.
Melilah fue una princesa mora que habitaba en el castillo de Daroca, cerca de Zaragoza. Se enamoró de un prisionero cristiano, recluido en los calabozos del castillo, con quien se encontraba a escondidas hasta que fueron sorprendidos juntos por el rey. Lleno de ira, hizo matar a Melilah y la arrojó a un profundo pozo. Más tarde, el castillo fue conquistado por los cristianos y el caballero liberado, quien murió preso de una profunda melancolía.  La leyenda cuenta que, por las noches, todavía puede verse a Melilah vestida de blanco y con una lámpara encendida saliendo del pozo en busca de su amado.
Podéis descargar gratuitamente la partitura completa en la sección: Free Sheet Music for Guitar Duet with other instruments.
Orquestación: Dúo de guitarras, Quinteto de cuerda, flauta, clarinete y percusión
¡Espero que os guste!.

Silván de Tella, el espíritu de los bosques.

Queridos amigos, me ilusiona compartir con vosotros la interpretación de la orquesta Ensemble XXI de mi obra “Silván de Tella, el espíritu de los bosques”, 1er. movimiento de “El bosque encantado”.
Silván era un ser fantástico, mitad hombre mitad oso, que vivió en una cueva del Pirineo de Huesca, cerca de Tella. La leyenda dice que se enamoró de una doncella del pueblo y la raptó y que entre ellos surgió una singular historia de amor.
Podéis descargar gratuitamente la partitura completa en la sección: Free Sheet Music for Guitar Duet with other instruments.
Orquestación: Dúo de guitarras, Quinteto de cuerda, flauta, clarinete y percusión.
¡Espero que os guste! :-)

El corazón cree en los milagros

Si creyera en casualidades diría que, precisamente, en estos días, de aislamiento e incertidumbre, el destino me ha llevado a descubrir al poeta ruso Fiódor Tiútchev (1803-1873), pero como no creo en ellas y pienso que todo sucede por causas y condiciones, me inclino a pensar que hace tiempo que lo ando buscando y por fin lo he encontrado.
El poema en concreto que ha caído en mis manos, es de una belleza arrebatadora, cada palabra encierra un poderoso mensaje y me ha conmovido profundamente, dice así:
«No importa lo que la vida nos enseña:
el corazón cree en los milagros.
Existe una fuerza inagotable,
también una belleza imperecedera.
La decadencia terrestre
no tocará las flores sobrenaturales,
el calor del mediodía
no secará el rocío que hay en ellas.
Y esta esperanza no engañará
al que de ella vive,
no marchitará todo lo que aquí floreció,
no desaparecerá lo que aquí existió.
Pero esta esperanza es para pocos.
Sólo conocerá el paraíso,
el que supo sufrir amando
en las tentaciones de la vida.
El que curó enfermedades ajenas
con su propio sufrimiento,
el que ofreció su alma por los demás
y soportó todo hasta el final»

Siempre hay esperanza para el que va por la vida con las manos abiertas, para el que sabe vivir dentro de sí mismo.
Habita dentro de nosotros una fuerza inextinguible: es la capacidad de amar la que perdura, la que nada ni nadie puede arrebatarnos.
Y, como dice Tiútchev, ni el sol del mediodía podrá secar el rocío de nuestro amor.
Si somo capaces de escuchar en el silencio,
de alejar el ruido de nuestros pensamientos,
de acallar nuestras voces tóxicas,
de reclamos, reproches y frustraciones,
oiremos una cálida voz que nos susurra al oído palabras de esperanza:
es nuestro corazón herido que todavía cree en los milagros.

«Canto de otoño». Emilio Pujol

Queridos amigos, me ilusiona compartir con vosotros mi interpretación de la preciosa obra «Canto de otoño» de Emilio Pujol. La melodía principal es un bello canto campesino cálido como el sol que nos abriga en las claras tardes de otoño. En la sección central, aparecen los malos presagios y la melancolía del invierno que empieza a llamar a la puerta…
 ¡Espero que os guste! :-)

Palabras como flechas

Hay palabras, imágenes, mensajes…que, muchas veces, sin nosotros saberlo, se convierten en flechas afiladas para los demás. En estos tiempos convulsos, todas nuestras palabras deberían ser, más que nunca, como dulces caricias, como tiernos abrazos en la distancia, como trocitos de luz que iluminan el incierto camino en el que estamos.