Cuídate

Se amable y cálido contigo mismo.
Busca lo que necesitas en cada momento.
Cultiva tu mente y el corazón.
No seas injustamente crítico con tus errores.
Perdónate.
Especialmente en los momentos difíciles, escúchate y obsérvate.
Fomenta lo que te ayuda, debilita aquello que te perjudica.
Si la necesitas, pide ayuda y déjate ayudar por los que te quieren.
Sabiendo que lo que llevamos dentro es lo que volcamos en el mundo, piensa que cuidarte, no es sólo un digno gesto de amor hacia ti mismo, sino y sobretodo, un gesto también de profunda generosidad hacia los que te rodean.

Cuando ya no esté

Búscame en el vasto cielo azul, sin límites
Búscame en la dorada arena, dormida en la playa
En la ligera brisa nocturna que te acaricia furtiva
En el cálido sol del otoño que inesperadamente te abriga
En la dulzura del alba sobre la inmensa llanura
En el agua sobre la tierra seca
En las interminables noches blandas
En las puras estrellas errantes
En las sombras furtivas, bajo tu ventana
En el calor sigiloso sobre tus manos
En el suave aliento trémulo entre tus labios
Búscame en los días pasados
En los que vendrán
En las despedidas largas
En lo que te dije
En lo que no te dije
En el silencio que todo lo abarca y comprendre
En el silencio que todo lo sabe
Allí te estaré esperando
nostalgia

Hay un lugar

Hay un lugar del que sólo los bosques hablan,
un lugar que sólo puede verse con los ojos del río,
oculto por la bruma,
inundado de estrellas,
olorosos dátiles,
construido de fuego,
fina arena,
dulce cristal,
verde hierba.
Donde el alma del viento
de tus labios llega,
y mueve las frías aguas.
Hay un lugar repleto de sirenas y corales.
Refugio de sueños olvidados.
Donde la luna de otoño revela el secreto del lago.
Lleno de luz, vida, largas miradas,furtivas caricias.
Donde el tacto de la luz es suave como una pluma,
ligero como la brisa.
Hay un lugar donde se prolonga la magia,
se estrechan las manos,
se cierran los ojos,
para parar el tiempo.
Donde si se abraza,
nunca es para apartarse,
porque la certeza del adiós no existe.
Hay un lugar…
faro en el mar

¿Qué es para mí componer?

Crear paisajes que no existen.
Dibujar escenas imposibles.
Imaginar utópicos diálogos que juegan a ser reales.
Rememorar momentos mágicos que jamás volverán.
Perseguir hadas, desenterrar demonios.
Plantear problemas, buscar soluciones, encontrar respuestas.
Viajar por la oscuridad, buscando siempre la luz.
Surcar mares inciertos,
dejándome llevar por el rumbo impredecible de mis pensamientos.
Escribir una carta en el viento,
dejarla volar,
con la esperanza de que sea recibida por un corazón sensible.
Sondear el abismo,
pasear por misteriosos bosques,
descansar en soleados prados,
visitar altísimos lagos de aguas cristalinas.
donde ver reflejados mis sueños.
Es desnudar el alma y mirar adentro,
muy adentro y, sobretodo,
escuchar,
escuchar con mucha atención mi voz interior,
la que existió desde tiempos remotos,
desde siempre,
desde el principio,
la que me habla de quien soy,
de cuáles son mis anhelos,
mis aspiraciones más profundas.
COMPONIENDO

Escrito en las estrellas

Y tu rostro encendido brillaba en la noche.
De nuevo el murmullo callado
del agua que suena,
susurra antiguas palabras,
las escribe en la arena.
Palabras furtivas,
que sólo el corazón entiende,
y que nunca a los labios llegan.
De nuevo, el mar nos aleja,
un mar de sombras,
bajo la luna nueva.
Abismo negro que llama, torrente oscuro que llega.
Helada escarcha silente se cierne sobre mis velas.
Busco mi rumbo, confuso, escrito en las estrellas.
Al espacioso firmamento, pregunto con el alma inquieta
¿Dónde está el puerto seguro?
¿Dónde trazada la senda?
¿Dónde el faro encendido,
cristal transparente,
sobre la inmensa mar desierta?
Sólo el silencio lo sabe, sólo el silencio que llega.
Con oscura voz lo revela:
donde viven los sueños rotos por la eterna espera.
Sueños que llegan, peregrinos, sin que sus dueños lo sepan.
Y se reconocen y se abrazan, tan pronto como se encuentran.
Y viven lo no vivido en la otra vida despierta.
Aurora boreal

Donde no muere la hierba

Tan sólo me basta un gesto.
Una mirada.
Una punzante sonrisa.
Para entrar en un mundo dorado,
donde no muere la hierba.
Mundo soñado,
que el cuerpo no conoce
y que el corazón espera.
Tu apariencia me distrae de lo que eres.
Lo que eres me recuerda lo que fuiste.
Sin bruma y sin niebla.
Desde el principio.
Arena finísima.
Cristal transparente.
Perfumada brisa.
Puerta detrás del armario.
Fantástica senda, intuida y no vivida.
Sólo con los ojos cerrados puedo verla.
Se desdibuja a lo lejos y tiembla,
etérea, fina e inquieta.
Nos conocimos allá, en aquel sitio,
haya donde el tiempo no cuenta.
¿Recuerdas?
Donde lo no nacido se abraza,
donde no muere la hierba.
Donde no muere

Si me dejas

Largo y tenebroso es el camino en el que te sumerges al caer la tarde.
Desde la orilla distante, con mis brazos vacios, te observo partir.
El oscuro océano de tus pensamientos te abraza con sus frías alas,
mientras el viento de las antiguas desdichas pasa gritando a mi lado.
No hay barca, ni remos con que atraparte.
Sólo ese viento helado que impulsa irremediablemente tus velas.
Tus ojos encendidos se apagan en la distancia.
Y ya no hay ni faro próximo, ni estrellas.
Ni senda escrita en un mapa con que encontrarte.
Si me dejaras acompañarte…
Si me dejaras…
Le diría al mar que te cuidara.
Al viento que te acariciara.
Y a la dulce y preciosa luna de otoño, que te guiara.
Si me dejaras…
Te miraría largamente a los ojos.
Compartiría tu aliento.
Despacio, muy despacio,
apoyaría mi mano sobre tu pecho,
te susurraría antiguas palabras,
para que me sintieras muy cerca,
y regresaras,
guiada por la cálida brújula de tu corazón encendido,
de nuevo a mi lado.

Puedes descargar gratis la partitura de esta obra, 2º movimiento de “Secretos de Papel” en Free guitar ensemble scores with other instruments.

 

Sigilosamente.

Sigilosamente llegó la tristeza.
Su tenaza gris y oscura.
¿Entró quizás escondida en el ruido del tráfico por la ventana?
¿Me esperaba acaso agazapada en el asfalto?
¿Confundida en el oscuro alquitrán?
La tristeza es siempre carencia de algo o de alguien.
¡Mi alma me lo decía!
A pocos centímetros, mi corazón,
no supo escuchar,
no quiso escuchar.
Necesité dejar fuera el ruido,
alzarme sobre el ruido,
el ruido que interrumpe,
que separa,
que aísla.
Comprendí mi soledad en el instante en que pronunciaste mi nombre.
Y te sentí lejos… borrosa imagen que apenas adiviné, distante.
Entre la agonía de mi confusión vi tu mano abierta,
esperando la mía.
Brillar tus ojos,
como faros encendidos,
en la noche incierta.
Me vi, por fin, reflejado en ellos,
caminando a tu lado bajo la dulce luna de otoño.
Y las aguas se calmaron.
Y se disipó la niebla.
volvió entonces la felicidad secreta.
mano en la niebla