¡Estamos en La Vall de Boí!

Rodeamos de montañas imponentes, bosques misteriosos.
Lagos que juegan a ser el cielo inundado de estrellas cuando les refleja el sol.
Los ríos nos hablan en su lengua secreta.
La naturaleza nos invade lentamente con su ritmo lento y cadencioso,
mientras nuestros pies cansados se deslizan por los mismos senderos.
Hace tantos años ya que los transitamos…
Y, a pesar de todo, siempre muestran nuevos tesoros, nuevas riquezas, en cada mirada.
Las altas montañas marcan el destino de nuestros corazones,
a cada paso,
a cada sonrisa,
se entrelazan cada vez más y más.
Una profunda calma nos invade,
un callado sentimiento de felicidad se apodera de nosotros,
mientras una suave voz,
dulce y con sabor a hierba,
nos susurra, de nuevo, que estamos otra vez en casa.

 

 

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